Hay que relanzar Chile (segunda parte)

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Todo indica que las metas iniciales de profundizar la democracia, lograr un Estado de bienestar y la construcción de un Pacto Social tendrán que quedar en pausa por un tiempo. Por ahora, lo que hay que defender es la democracia, evitando derrotas mayores y retrocesos gigantes.

Quedan solo dos años de Gobierno. Hay que responder a lo más urgente para la gente: el bolsillo, la seguridad, la migración y algunas medidas en salud y pobreza. Que la gente tenga claro que la atención del Gobierno está puesta en las personas primero.

El ministro de Hacienda ha llevado adelante un ajuste macroeconómico exitoso, pero ahora necesitamos escuchar sobre un plan de crecimiento potente, que nos hable de inversión, empleo y empleabilidad. Hay que llamar a los empresarios y a los bancos a colaborar con una mayor inversión y a reinvertir en Chile los capitales que sacaron fuera; que el Ministerio de Obras Públicas sea un motor más intenso en el impulso de inversiones públicas y facilitar la activación de la construcción. Ahí está la iniciativa de comprar parte del stock de más de 113 mil viviendas nuevas sin vender.

¡Debemos buscar todas las formas de subir las expectativas futuras de crecimiento más allá del 2% anual! Ello es prioritario.

En seguridad se debe aumentar la “sensación térmica” de que lo que se está haciendo es significativo y dar más señales ejemplificadoras en el combate al crimen organizado (como el llamado al Cosena), ciertamente algo nada de fácil.

En migración es imperioso dar señales más firmes aún contra la migración ilegal y contra los migrantes que cometen delitos. Que no exista duda alguna en la voluntad del Gobierno.

Se requiere, entonces, avanzar con acuerdos amplios, concretos y puntuales y, al mismo tiempo, mayor gestión por resultados.

Ojalá se aprobara la reforma previsional con el 3 + 3; ahí habría una muestra de que el diálogo y la búsqueda activa de acuerdos hacen posibles logros significativos, pero hay que ir más allá y buscar todas las alternativas. Si esa reforma no se aprueba, se podría pensar en concordar una reforma tributaria que permita específicamente financiar el aumento de la PGU, la remuneración con salario mínimo de cuidadoras y cuidadores, la disminución drástica de las listas de espera en salud y la remuneración con salario mínimo de los conscriptos. Estos son solo algunos ejemplos de opciones posibles.