En el país de nunca jamás pasaban muchas cosas, pero, por increíble que parezca, nunca nadie sabía nada de nada.
Los súbditos tenían miedo a los villanos. Tanto, que los que se portaban bien habían sido obligados de hecho, por miedo, a vivir en el bosque, arriba de los árboles. Y los villanos ocupaban las casas de los buenos a su antojo y deseo.
De esto se hablaba, pero nadie sabía, ni se atrevía a saber quienes eran los villanos ni acusarlos, por terror a las represalias. Parece que de aquí viene el nombre villano, es decir, los que usurpan u ocupan las villas sin derecho.
Pero nadie sabía que nadie sabía.
Tampoco sabían los oficiales del Gobierno, que competían por saber más que los otros oficiales del anterior Gobierno, pero poco o nada lograban. La policía del Estado era la que menos sabía. Pero, al parecer, ellos tampoco lo sabían. Amnesia que se agudizo cuando crearon un Comando Jungla que fue una fantochería ineficiente, riesgosa y cara.
O cuando dijeron tener un sofisticado sistema de información (un software), que era otro derroche porque todo era una mentira grotesca y rasca.
Parece que en el país de nunca jamás los ladrones, los villanos y los criminales eran más inteligentes que la policía y los encargados de la seguridad.
Un capítulo aparte es el Ministerio Público y los tribunales del país de nunca jamás. Si es más fácil no saber, mejor no sepamos… pareciera decir el lema de la nueva justicia, que no protege a nadie porque nunca sabe nada.
Algún mal pensado dice, sin impostar la voz, que algo huele mal en Dinamarca… pareciera que hay demasiada promiscuidad.
En ese país de nunca jamás, exactamente a un mes de celebrar la independencia, ese día, se destruyeron incendiadas 7 estaciones del Metro, 18 estaciones quedaron parcialmente siniestradas y 93 estaciones con múltiples daños, y solo salvaron indemnes 18 estaciones.
¿Quién fue? Nadie sabe porque en el país de nunca jamás nadie nunca sabe nada de nada.
Tampoco se sabe nada de los autores de más de 15 niños muertos por balas locas, en tiroteos de los que nunca se sabe nada de nada, ni menos sobre quienes fueron los autores, y mientras oficiales explican y comentan estos sucesos en la televisión, como si a ellos solo les correspondiera relatar hechos. Cuando se les pregunta, por algún despistado, quienes se supone que fueron los autores la respuesta es siempre la misma, se querella el Gobierno, las policías dicen que toda información (que no tienen) es parte de la investigación, a cargo del Ministerio Público, que tampoco llega a nada porque nunca sabe nada de nada.
Y ahora secuestran con desparpajo a un inmigrante protegido por su condición de refugiado y han pasado seis días de investigación secreta, pero muchos súbditos arriba de los árboles creen que todo va a quedar en nada porque en el país de nunca jamás nunca nadie sabe nada de nada.