Movilización social y reformismo imposible

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Todos los partidos pueden concordar en que la movilización social es importante, pero esta se torna en un desafío inabordable en tiempos en los que las izquierdas están en retroceso.

El problema planteado por el senador Núñez se sitúa en varios niveles.

En tercer lugar, el llamado del senador Núñez se da en en un contexto de derrota política del oficialismo en la Cámara Alta: ¿cómo no ver que, en estas condiciones, la movilización social suena inevitablemente a presión social (con todas las connotaciones que la derecha quiere ver en ella), y no al poder de persuasión que ésta puede generar en la política? ¿Es razonable actuar bajo el supuesto que diputados y senadores cambiarán sus preferencias en función de la presión social social? Supongamos por un instante que sea así: ese cambio de las preferencias no será el fruto del intercambio racional de argumentos (en el que podría imperar el peso habermasiano del mejor argumento), sino de una expectativa oportunista sobre las mejores chances para ganar una elección.

Vaya retroceso.

Todo lo anterior ha colocado en una posición difícil al Gobierno del presidente Boric, cuyos ministros políticos tuvieron que salir rápidamente a aclarar la postura del Poder Ejecutivo: conscientes de que son minoría en el Senado y, con toda probabilidad, en la Cámara de Diputados, la ministra del Interior Carolina Tohá dejó meridianamente claro que no es rol del Gobierno llamar a la movilización social, sino más bien de dialogar con la oposición con el fin de desembocar en algún tipo de negociación en materia tributaria y previsional.

Este cuadro de limitaciones y restricciones describe un escenario de reformismo imposible en los dos años que quedan de gobierno del presidente Boric. Es altamente probable que, de haber reformas, estas se darán bajo las condiciones que las derechas planteen, lo que obliga al gobierno a promover algo del espíritu originario de corte socialdemócrata en el difícil diálogo sobre las reformas que está siendo promovido por los ministros sectoriales.

El impacto de la derrota de la primera Convención Constitucional, el 4 de septiembre de 2022, fue de tal magnitud, que las reformas económicas y sociales se encuentran marcadas por el sello del minimalismo.

Dicho de otro modo, un reformismo imposible.