Extraña es, por decir lo menos, la realidad que se está viviendo en el país después de los últimos cambios de ministros, que es una forma más apropiada de denominar a algo que no es un cambio de gabinete sino un ajuste en el tablero.
Tampoco se ha propuesto un cambio de rumbo, no porque se pretendiera dar un giro estratégico, sino que más bien porque hace tiempo ya que se navega a la deriva, con el timón averiado.
Si hay algo terrible para un gobierno es no tener una decisión de jugarse en una dirección determinada, acorralado por el día a día de una oposición cuya agenda es destruir todo lo que plantea el ejecutivo.
Podrá refutarse estas afirmaciones anteriores señalando que el gobierno si tiene propuestas bien claras en materia de pensiones, pacto fiscal y seguridad, pero lo cierto es que, al no tener mayoría parlamentaria, depende en todos esos temas de las decisiones de una oposición que está jaqueada por los republicanos, fragmentada y en permanente estado de competencia por quien asume el liderazgo en pegarle más duro al gobierno. Los propios parlamentarios oficialistas son, a veces, más exitosos que la propia derecha en hacer oposición, como ha quedado demostrado en el caso Fundaciones y otros escándalos recientes.
¿Cómo puede decirse que este gobierno tiene rumbo después de resucitar a Piñera, quién no oculta su intención de volver a La Moneda?
Un breve recuento es inobjetable: Tuvieron que transar el programa para obtener un apoyo mayoritario en segunda vuelta. Abandonaron el tema constitucional después de la estrepitosa derrota del 4 de Septiembre, y en ese abandono, corren el riesgo de que se legitime una constitución nueva a la medida republicana, o la constitución del 80 que tanto despreciaron. Después del estallido social, que partió exigiendo el término de las AFP, apoyaron siendo parlamentarios el retiro anticipado de fondos previsionales, que no hizo otra cosa que consolidar el sistema de capitalización individual al advertir muchos chilenos que tenían una cuenta de ahorro personal, llegando hasta ahí mismo la idea de reestablecer el reparto o un sistema solidario. Propusieron una reforma tributaria que no pasó siquiera la etapa de la aprobación de la idea de legislar y ya nada queda del impuesto a el patrimonio, los impuestos verdes, etc. Propusieron una reforma previsional que, en el mejor de los casos dividirá por mitades el incremento de la cotización adicional del 6%, lo que objetivamente fortalece y no debilita a las AFP. Plantearon una reforma a la salud y, aparte de no avanzar en la reducción de las listas de espera, se trenzan en una confrontación con las ISAPRES que, no obstante, el fallo de la Corte Suprema que las obliga a devolver lo cobrado en exceso, abre la puerta a la quiebre del sistema, sin haber alternativa efectiva de solución a la demanda de salud de mas de tres millones de afiliados.
Nada hay que agregar sobre la condonación del CAE ni sobre la deuda histórica con los profesores.
En materia de seguridad, la población no ve el efecto de las medidas tomadas por la autoridad y todos los días se producen robos, homicidios y atentados contra la propiedad, creándose una sensación de indefensión e impunidad para los criminales. Demás está decir que el discurso original sobre Walmapu desapareció y quedo reducido a la mantención del estado de excepción en la macrozona sur durante todo el tiempo que lleva el gobierno en el poder.
Entonces, ¿tiene rumbo la Moneda?
Para terminar la letanía el presidente tuvo que aceptar la renuncia de un Ministro clave de su círculo cercano y de esa manera aceptar el chantaje de la derecha, a pesar de que el referido Ministro (más allá de que hizo todo lo posible porque lo detestaran) no violó la Constitución ni haya cometido delito alguno hasta ahora.
La debilidad del gobierno y del Presidente quedó al descubierto al no tener espaldas para defender a Jackson frente a una injustificada acusación.
Este resumen resulta demoledor. El gobierno tiene que definirse y actuar en consecuencia. Por el momento surgen dos alternativas: dar la pelea defendiendo con fuerza y una buena política de comunicaciones las ideas y logros obtenidos o asumir hacer una buena gestión administrativa, que, sin luces de colores, preste un servicio eficiente a los chilenos.
Ambas alternativas pueden llegar a ser complementarias si se recupera el poder. Para eso debe terminar la desidia y la falta de convicción.