Hace casi 50 años Vargas Llosa preguntaba, en su famosa novela Conversación en la Catedral, casi como una duda existencial: “en qué momento se jodió el Perú”.
Era una interrogante tan representativa del sentido común y una verdad no solamente peruana sino de toda Latinoamérica, que hacía sentido, sobretodo si había sido formulada con un cierto fatalismo propio de la mentalidad colonial española.
En realidad, esa duda, de cuando se había jodido el Perú, perfectamente podría haber sido reemplazada por tratar de saber en que momento se había jodido, por ejemplo, Argentina, Colombia, Brasil, Paraguay, etc.
También se podría haber aplicado a Chile varias veces a lo largo de su historia. Y sin embargo, aquí estamos más o menos estancados como la letra de la canción de Silvio Rodríguez, que cuenta la fábula de tres hermanos que compiten por cual de ellos llega más lejos en el camino a seguir, siendo ese camino la vida y sus aplastantes sentencias. Lo cierto fue que, al final, ni el más astuto, ni el más precavido, ni el más rápido pudieron aventajar a los otros en su afán de llegar primero a la meta, lo que era imposible por el solo hecho de imaginar un propósito sin sentido. Algo así como si por ganar una carrera o un mundial de fútbol las condiciones de vida y las oportunidades de surgir se abrieran radicalmente.
La evidencia muestra que el estancamiento es mucho más común en la historia de los países o de las civilizaciones que los tiempos de explosión creativa, de las ideas brillantes, de la multiplicación del pensamiento, de los descubrimientos científicos o tecnológicos, por cierto, indesmentibles y determinantes de la forma de vida de millones de personas.
Pero en lo profundo, lo que permanece y sobrevive a los momentos de ebullición creativa, la meta a alcanzar por los tres hermanos de la canción de Silvio Rodríguez sigue siendo un sueño siempre lejano, desmoralizador a veces. Esa meta es vivir seguros y felices en un Estado de Bienestar que garantice una sociedad integrada, y grados razonables de igualdad de oportunidades para todos.
En el fondo no es cierto eso de «cuándo se jodió el Perú” o Argentina, o Colombia o Venezuela etc., sino que más bien convendría preguntarnos por cuando dejaremos de estar jodidos o tal vez que tenemos que hacer para dejar de estarlo.