Triste 18 de octubre

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Después de cuatro años ni siquiera se celebra el 18 de octubre de 2019, salvo algunos articulistas de derechas, a quienes tanto los obsesiona el tema que uno hasta llega a creer que es como que quisieran que se repitiera, seguramente para hacerlo mejor. En lo demás el país sigue estancado en lo político y en lo económico y una racha de viento pesimista recorre Chile de norte a sur.

Hoy observamos una falta de liderazgo de calidad, en lo individual y en lo colectivo que no es inocuo. Muchos países se hunden por décadas o para siempre por falta de liderazgo o por malos liderazgos, y aquí, en este tiempo, tenemos de los dos.

Como atenuante, pero no eximente, está el hecho que este es un fenómeno mundial y generalizado. Pensemos en el espectáculo que da EEUU, entre la senilidad de Biden y la corrupta desmesura de Trump.

Miremos un poco más y aparecen los Macron, los Putin, los Netanyahu, los Maduro, los López Obrador y los que como Sánchez están dispuestos a destruir los cimientos de la institucionalidad española por un plato de lentejas negociado con los independentistas catalanes, prófugos de la justicia por sedición. Recordemos además a Scholz dando un cheque en blanco al gobierno de Israel, para hacer lo que se les ocurra con los palestinos, dando para ello como justificación la responsabilidad y culpa de la Alemania nazi en el holocausto del pueblo judío, como si ello les impidiera tener un juicio crítico con los recientes asesinatos masivos, la venganza y el horror.

El mundo está sin rumbo y ya no existen los Churchill, los Adenauer, los De Gaulle, los Roosevelt, los Kennedy, los Gandhi ni los Adolfo Suarez.

Volviendo a Chile, no debe extrañarnos, entonces, que nuestro liderazgo sea de segunda división, sin imaginación ni estatura.

Para quedar saturados y arrancar a perderse, basta ver a las Rincón, a los Chaín, a los Kast, a algunos locos como Silva (“el profesor”), a los Jackson, a los Moreira, a los Mulet, a los Naranjo, a los Chaguan, a los Piñera, etc.

Pobre Chile.

Teníamos un camino, con todas sus imperfecciones. Eran necesarias reformas para que hubiera justicia social, hasta que la caldera reventó por no haberse hecho oportunamente esas necesarias reformas y por tener un gobierno incompetente e insensible frente a los abusos. Entonces los violentos se adueñaron de la agenda y de las calles por un tiempo.

Ese gobierno incompetente claudicó en vez de renunciar y casi sin reparos se abrió paso el Octubrismo de izquierdas, que estuvo cerca de destruir el país, así como después vinieron los Republicanos y su Octubrismo de derechas, que nos está llevando al precipicio nuevamente.

Vamos directo al naufragio, todos lo saben y nadie hace nada.

Va a ganar el rechazo y con ello los extremos estarán empatados en chapucería y estupideces.Suicidio colectivo, frivolidad y pequeñez. Eso es, con tres adjetivos como le gusta hablar a Piñera, que aún cree que puede volver a ser presidente. Bueno, ¿si Milei puede porque no yo…?